martes, 16 de febrero de 2016

JULIAN MARIAS Y EL PANHISPANISMO

Aquí, si nos referimos a la fílosofía, lo habitual es que visualicemos a la Grecia clásica. Si se ahonda aparecen sólo europeos particularmente alemanes, franceses y británicos. Ni por casualidad asoman los filósofos españoles y menos los hispanoamericanos. A la Península y a nuestra América se les juzga filosóficamente castradas.

Pecamos de extravagantes quienes justipreciamos el aporte sociofilosófico del ibérico Julián Marías. Fallece el 12.12.05, sin embargo, perdura su obra. Se estima transparente y con intencionalidad patriótica. Lo patrio en su concepción cubre la Hispanidad que es bicontinental. Coincide en tal enfoque con José E. Rodó, Manuel Ugarte, Alberto Buela y Jorge A. Ramos.

Marchando, por senderos distintos, concuerda con los personajes anotados ¿Dónde está la concordancia? Pues en evaluar a Hispanoamérica como una nación y no un racimo de naciones. Esto –en apariencia simple– es algo trascendental con explosivos efectos historiográficos, sociológicos y políticos. Supone  radical rescate de la identidad extraviada.  

Con ello acentúa reflexiones iniciadas por José Ortega y Gasset en «España invertebrada» y en «Meditación del pueblo joven». Hizo periodismo culto. No podemos dejar de aludir a «Sobre Hispanoamérica» con varias ediciones. Se maneja –en este momento– la de EMECE, Buenos Aires, 1973 sin duda un texto que estimula a recuperar saludable rumbo. 

En tal texto se asocian luminosas percepciones sobre lo caribeño, lo andino, lo plantense dotadas de singular hondura sólo equivalentes a las de Octavio Paz y Arturo Uslar Pietri. Ello en una perspectiva panhispanista que desmiente a quienes afirman: «eso de Hispanidad es bandera de Franco». No obstante, la enarbola quien en aquella guerra civil está con la  república.

El análisis de la obra indicada constituirá el mejor homenaje al egregio pensador. Se formulan votos para que nuestras cátedras de filosofía y sociología de las Universidades la conviertan en texto de estudio superando esa «atracción fatal» que produce Europa en nuestra inmadura intelectualidad. Se anota "inmadura" quizás vale escribir "descastada".