sábado, 6 de diciembre de 2014

LA CHINA: ANVERSO Y REVERSO

Apenas una vez en el año la expresión “china” posee una connotación benigna. Es en víspera de Fiestas Patrias. Entonces la maestra básica afanando por dar realce al festejo encarga a los alumnos tenida de huaso y a las niñas un vestido floreado de “china”. En la liturgia escolar figura como “número” obligado unas cuecas. Allí aparece la  expresión que designa a la pareja del huaso. Lindo espectáculo aquel visto o vivido por todos, pero sin continuidad en la enseñanza media.

No obstante, hay un uso cotidiano del término. Esta impregnado de contenido peyorativo. “China” es la mujer de calaña plebeya. Todo el desprecio de casta se hace presente cuando la patrona denosta a la "nana" -palabra quechua- manifestando. “¿Qué se habrá imaginado esta china indecente?¨ La presunta chei –es decir, “la otra”- del marido “chinero”, esa maldita “sucu” derivación de sucursal- es para la esposa legal “esa china infeliz” . “Chinear” es el picafloreo varonil.

La expresión “china” es de uso campesino sin nexo alguno a la patria de Mao. Alude a la mujer del huaso. Su origen es quechua. Correspondió a nombre de las “vírgenes del Sol”, vestales recluidas en los templos incaicos. Obvio, fueron botín del conquistador. El nombre pasa después a denominar a las mancebas aborígenes que atienden al encomendero. De allí su uso adquiere un significado cariñoso o despectivo. Así de mestizas son nuestras raíces.