lunes, 18 de enero de 2016

BULLYING: ALGO MAS

En nuestro país -tan siútico- hoy al matonaje se le denomina "bullying". Su escenario son las aulas y los patios. La tecnología permite "subir" escenas de brutales palizas a Internet. El fenómeno es antiguo.  La diferencia reside ahora en que el docente esquiva el compromiso de poner fin a la riña restableciendo la armonía.

El tema comienza a preocupar porque las refriegas entre adolescentes suele  incluir armas blancas y uso de las extremidades inferiores. Se trata de una deplorable imitación de las artes marciales. Suelen ser frecuentes las golpizas de varios contra uno. Eso que antes se juzgaba "cobardía" hoy es "choreza".

Los alumnos suelen protagonizar -por diversos motivos- bullyings. Replican prácticas habituales de los barrios periféricos. Ello porque los planteles públicos ya no son -como antaño- pluriclasistas. El alumnado, mayoritariamente, proviene de estratos vulnerables. Trae consigo una mochila de disvalores.

La escuela básica -pese a disponer ahora de ocho años- no logra"civilizar" a los educandos. Los educadores carecen de ascendiente y asumen la tarea magisterial con apatía. El sistema los convierte en ganapanes. Se impone el laisser faire. Las vacaciones y las huelgas son otros factores que erosionan el proceso educativo.

Mi experiencia práctica no puramente libresca me permiten afirmar que existen dos causas: la Reforma mutila a los educadores de prerrogativas disciplinarias y da luz verde a una blandengue permisividad. Lema: ¡nada con el autoritarismo! Ello convierte cada aula en un pandemonium de "conversacionitis" e incuba bullings.  

Nada se logra con inyectar millones a una estructura  escolar donde el  docente está arrinconado y carente de respaldo. "No pueden tocar a los discípulos ni con el pétalo de una rosa". Con frecuencia las maestras son víctimas del bullying... Las feministas no opinan sobre la materia. El gremio y el ministerio del ramo callan.