sábado, 5 de septiembre de 2009

EL LABERINTO DEL GENERAL

Gabriel García Márquez novela la tragedia que, para Bolívar, significa la emancipación. El divorcio con Madrid trae consigo un fruto tan imprevisto como espurio: el desmenuzamiento de un cuerpo sociopolítico. La unidad de éste se fragua en 300 años. Mientras EEUU son apenas 13 enclaves apretujados entre la cordillera de los Apalaches y el océano, las Indias Occidentales, en cambio, se yerguen articuladas y prósperas de California a Malvinas y de Atlántico a Pacífico. Sin embargo, la fragmentación transforma el mapa en un mosaico de republiquetas empobrecidas, endeudadas y rivales. Ese es el laberinto del general que Gabo presenta como su íntima hecatombe. Fallece el Libertador –como se sabe- abrumado por la melancolía y refugiado ¡oh, paradoja! en hogar hispano de Santa Marta.

El panorama no es de fácil comprensión. Durante dos centurias las estructuras escolares de cada Estado enseñaron Historia de Europa –con el marbete de Historia “Universal”- y, si el programa lo permitía, una Historia “Nacional”. Esta comenzaba de modo frecuente en 1810 poniendo énfasis en antagonismos con las patrias del entorno. A esta alienación contribuye la Asignatura de Cívica y, por cierto, las Facultades de Derecho. En tales ámbitos se aprende de memoria: “el Estado es la nación jurídicamente organizada”. Se dedujo, de modo instantáneo, “cada república es una nación”. La prensa hizo el eco y el desquiciamiento terminológico convierte en sinónimos Estado, nación, país y patria.

La chanfaina conceptual identifica “nacionalismo” con desprecio, recelo u odio a la república fronteriza. Aun más, acorde con las instrucciones del Pentágono nuestros uniformados aprendieron que “nacionalismo” debía entenderse como guerra sin cuartel a Moscú y a los comunistas. También se nutre, en cada país, de chauvinismo etnocéntrico. El laberinto alcanza a la izquierda donde todo nacionalismo –sin mayor análisis- es fascismo. El sambenito de fascismo lo padecen, en su momento, el PRI, el APRA, el MNR, el peronismo, el grovismo, el varguismo... La confusión es de tal envergadura que los viudos criollos del III Reich se autobautizan “nacionalistas”.

El laberinto del general conduce a obscuros vericuetos. Alumbrados con un cabo de vela a punto de apagarse por efecto del ventarrón de la estrategia “confundiólogica” del imperialismo –con suerte- encontraremos la punta del ovillo que Ariadna obsequiara a Teseo para introducirse en la maraña de pasillos, túneles y sótanos y, escapando de peligros y sortilegios, encontrar la ruta. Tales códigos esclarecedores pasan por revertir la tragedia del héroe que, acosado por los aislacionistas aliados con las macropotencias, convirtieron el continente en archipiélago. Allí –al decir de Juan José Arévalo- “sobre un océano de frialdad flotan errantes veintitantos témpanos sin conexión submarina y sin común horizonte”.




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