martes, 19 de abril de 2016

EL QUIJOTE: 400 AÑOS

4 siglos y...  vigente. Eso es alcanzar el rango de clásico. No es un best seller que -al cabo de un lustro- ya nadie lee ni menciona. Todo lo contrario, la magna obra literaria de la Hispanidad perdura como hito fundacional y es perpetuo referente. Puede que cantidad de páginas atormenten a nuestros alumnos. No pecamos ni venial sugiriendo la brillante síntesis que sobre el tema entrega Arturo Uslar Pietri. Por algo se debe comenzar y ese "algo" es fruto de un notable de las letras iberoamericanas.

En cada página del texto magno cuyo 400º  aniversario festejamos está el españolísimo don Miguel. Es hombre de pluma y espada. Sirve a su patria en guerra de liberación contra el imperialismo turco. Se destaca en el combate de Lepanto y un arcabuzazo lo torna manco. Cae prisionero y permanece en mazmorra. Ya de regreso a casa solicita, con insistencia, un modesto cargo municipal en la actual Bolivia: “no lo pescan ni en bajada”. Hay constancia en los archivos de la negativa de la burocracia peninsular.

En la obra reseñada   el   Quijote galopa en Rocinante. El cabalgar es desde “aquel    lugar   de    la Mancha de cuyo   nombre  nadie quiere acordarse”. En  todo sitio  combate   a    ignaros   cabreros,  cortesanos embusteros, defiende a    desvalidos     y consuela a los tristes.   Es   un     hidalgo, según se lee “de lanza  en astillero, adarga antigua y galgo corredor" No lo acobardan los molinos   de         viento  de   la     ingratitud   y la perfidia.   Su entusiasmo   es   una    lección     para continuar en la brega.

Las aventuras y desventuras de su autor se coronan con la ventura de legar, a la macronación extendida de   Alcalá   de  Henares     a Manila.  un libro que es bandera en la campaña por   nuestro sello identitario amenazado por otro Imperio Otomano. Desde la patria de Gabriela se saludan aquellas venerables y simpáticas   páginas
 y, con tinto, brindamos por   Cervantes   a    propósito     de      la 
Hispanidad. Invitamos, particularmente, a alzar      las copas a los colegas que enseñan castellano en nuestra Patria Grande.