martes, 11 de agosto de 2015

EL HUASO,,, APUNTES

Durante las Fiestas Patrias se elogia al huaso. En el resto del año «huaso» es expresión despectiva. Se emplea para tipificar al individuo encogido y tímido o a quien es grosero e ignorante. Resulta curioso que se repudie así al paradigma del Chile rural. Tal dualidad se juzga expresión de nuestra crisis de identidad.

 Un esfuerzo por rehabilitarlo son las obras ya clásicas de Tomás Lago y de René León Echaíz y hoy el ensayo de Alberto Cardemil. Son esfuerzos que apuntan a quebrar el doble standard. Si el roto es el paradigma urbano el huaso lo es del ámbito campero. Le ocurre lo mismo que aquel. Se le juzga gallardo y dadivoso sólo en las jornadas de Fiestas Patrias. 

Durante los otros once meses es sinónimo de grosero y tosco. Se escucha eso de «huaso bien plantao». Sin embargo es más frecuente, en lo cotidiano, escuchar «huasteco» o «huasamaco». Hay desprecio encubierto en eso de «es muy huasito» para aludir a persona con timidez torpe. 

La cuna del huaso es el Valle Central y, de modo particular, Colchagua. No obstante, se extiende hasta los confines de la 4ª Región y alcanza a la 8ª. Los otros son huasos de exportación por ejemplo en Magallanes o en Arica. Duchos en los skechs dieciocheros y en concursos de cueca son manifestaciones de la política de «chilenización» de los extremos del territorio de la república. 

El huaso y la lavandera: cuadro de Mauricio
Rugendas (siglo XIX)
La palabra –escrita en el XIX con «g» y con «h» en el XX– denuncia nuestro origen mestizo. Se origina en el quechua y su significado: jinete. También podría derivar del andalucismo «guasa» que significa «gracioso». Otra hipótesis  lo asocian a «guacho» vocablo aborigen que designa al párvulo con padre ausente. Obvio,estaría emparentado con «gaucho».  

El huaso es mestizoide. No obstante, hay huasos de chamanto, espuelas de plata y latifundio tipo conjunto "Los huasos quincheros». Son miembros de la clase dominante y, por ende, en ellos predomina lo español y la piel es menos olivácea que los huasos del faldeo y de la base. Estos últimos en vez de sombrero de fieltro, botas corraleras y botín de tacón son morochos, de pata rajá, ojota y chupalla. Es el doble standard que también daña al roto.

El mismo ocurre con el indio. Reverenciado en las páginas de «La Araucana» y en el nombre de un club de fútbol y, sin embargo, en la vida cotidiana es sinónimo de pereza y fealdad. La crisis de identidad que nos socava se expresa en este doble lectura. Ignoramos lo que somos. Aun más, no queremos ser lo que somos. Peor: negamos las raíces. De allí la lapidaria frase «la raza es la mala» que nutre nuestra autodenigración.