viernes, 21 de agosto de 2015

GENERO, SEXO Y "PROGRES"

Una lesbiana que convive con su pareja exige la tuición sobre sus hijas. El Poder Judicial confiere ese  derecho al exmarido.                De inmediato     las  denominadas “minorías sexuales” alegan  discriminación. Se aprueba norma jurídica -la ley Zamudio"- que los protege.

Nuevamente se orbita el tema del “género” oponiéndolo al del “sexo”. La sociedad entera se involucra en la controversia. Asuntos inmediatos como el desempleo, la delincuencia, la salud y la drogadicción pasan a un segundo plano.

Menos podrá constituir motivo de debate el terrorismo en la Araucanía, el armamentismo de La Moneda o la crisis energética. Sería “pedir peras al olmo” que se genere inquietud por el abismo que separa a las clases sociales y nuestra condición de república criptocolonial.

La TV, la radio y la prensa están, acorde con el estilo light de los progres, imbuidos de lo atinente a la farándula y, sobre todo, a lo genititivo. Es la “agenda valórica”. Permite  estar “in” posando de “moderno” o “postmoderno”. Se nos involucra  modas propias de EEUU y Europa.

Eso de “género” presenta la sexualidad como una construcción cultural. Se asume con el rango de opción en el marco de la irrestricta libertad. El fundamento biológico se desdeña y la dualidad clásica femenino y masculino, juzgada obsoleta.

Ahora, según los progres existen no menos de cinco... géneros. Amén de mujer y varón, estaría el sodomita, la lesbiana, el transexual, el intersexual y hasta el zoofílico. Hay progres –concordando con los neoliberales- que promueven la plena autonomía individual.

Este mal entendido “libre albedrío” que colisiona con el “bien comín” permite bregar por el libre libre expendio de estupefacientes como la marihuana. La abolición de la censura da luz verde a pornocines y a pornoshops, desligitiman la disciplina escolar y cuestionan la estructura clásica de familia.

Van más lejos, impulsan los matrimonios homosexuales con la prerrogativa de adoptar hijos. Argumento: “así ocurre en los países avanzados”. Vamos entonces imitando. El condimento es el relativismo ético. Estos temas  son distractores y arietes de nuestra identidad.

Abundan los perplejos. Son numerosos los matriculados en la “izquierda” que no se percatan que este fardo pseudovalórico es un exocet primermundista. Apunta a envilecernos para así mejor manipularnos y superexplotarnos. El afán snob  por ser de avanzada de modo frecuente nos empuja a copiar a Europa y EEUU.

El calco ha sido dañino porque se circunscribe a lo farandulero y a lo vicioso. Se importa lo dañino y no lo conveniente. El estuco de la modernidad y no su nervatura. Nadie, por ejemplo, examina la integración francoalemana, el milagro nipón y chino, la prosperidad de Singapur y, en general, del Asia sudoriental.

En los medios impera la farándula que embelesan con lo gay, lo pornografíco,   el aborto,    el divorcio,     la silicona o el narcoconsumo, entre otras “modas” que erosionan el tejido social y el ethos colectivo. “Mojigatos” o “retros” quienes promovemos una república sobria, sana y sólida. Se imponen -por ahora- los que apetecen seamos una Sodoma