domingo, 12 de julio de 2015

BALMACEDA

Presidente José Manuel Balmaceda
El descuido por la enseñanza de la Historia Patria pareciera generalizado en nuestra América. La denominada Historia Universal que es la Historia de Europa. Al comienzo hay referencias a Egipto y Mesopotamia. Esa materia cubre todo el horario. La Historia de Iberoamérica se ignora. De allí que mencionar  Balmaceda es novedoso para los lectores peruanos así como para los chilenos informarse de Guillermo Billighurt Angulo cuya gestión pública es digna de analizarse.

Durante el primer semestre de 1891 el país posee dos gobiernos, dos capitales -Santiago e Iquique-, dos FFAA, dos diplomacias. Al finalizar agosto vendrá el desenlace. La historia oficial explica el conflicto como el enfrentamiento entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. Es eso y mucho más. Choca una oligarquía sostenida por el Reino Unido que promueve el libre cambio y Balmaceda que opta por el desarrollo industrial y el proteccionismo. En agosto se resuelve el forcejeo.

Pese a que apenas ha transcurrido menos de un decenio de finalizada la Guerra del Pacífico Perú y Bolivia permanecen neutrales. Pese a la querella por la Patagonia tampoco interviene Argentina. La reyerta no la aprovechan las repúblicas fronterizas. La victoria de la fuerzas adversas al balmacedismo es contundente. El Ejército es derrotado y disuelto. No habrá "perdón ni olvido" y la choque implica crueldades inauditas.

La Armada insurrecta capitaneada por Jorge Montt  transporta desde Tarapacá una milicia que cosecha la victoria. 10 mil cadáveres cubren el borde costero de la V Región. Promedio de edad de los caídos: 20 años. La cifra asombra. El país apenas sobrepasa los 2 millones de habitantes. La Guerra del Pacífico, en seis años, contabiliza menos bajas. El 21 y 28 de agosto de 1891 son las batallas de Concón y Placilla. 

Esta tropa improvisada aniquila al Ejército, según proclaman los chauvinistas locales, “siempre vencedor, jamás vencido”. Ambas refriegas son brutales. Rendidos y heridos, en el acto, son asesinados. Los centros hospitalarios se atiborran. La atmósfera –en todo el país- se impregna de pólvora. El odio, el rencor y el miedo tornan sombríos los rostros. Domicilios de los derrotados son objeto de allanamientos y pillajes.

La administración publica es “depurada” de quienes no están adscritos a la bandera contrarrevolucionaria. La Casa de Bello intervenida y privados de la cátedra los sospechosos de simpatía con el mandatario depuesto. Las cárceles se repletan. En Santiago las misiones diplomáticas asilan a personeros del régimen. Otros se refugian en buques extranjeros o huyen por los boquetes cordilleranos.

Los triunfadores son asesorados por mercenarios alemanes como Emilio Korner y financistas británicos –entre otros- John North. El proyecto balmacedista –salitre nacionalizado, fomento industrial y banca estatizada- queda en el ayer. Aunque amparado por la Legación de Argentina, Balmaceda se suicida. El eco de aquel disparo –a poco más de un siglo- aun retumba en el alma de la chilenidad. Es el 19 de septiembre de 1891.

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Nota de prensa publicada por el diario "La Razón" de Lima 
Ver https://www.youtube.com/watch?v=ZZO-6FSIBq8