jueves, 16 de octubre de 2014

HIJOS DEL RIGOR (Fernando Villegas)

Si acaso llegamos a ser algo es sólo siendo hijos del rigor. De lo contrario, si se nos deja en manos del principio del placer, inevitablemente, caemos en la inercia, la vagancia, la irrelevancia y la imbecilidad. El cerebro sin entrenamiento se relaja en su atención, se duerme en la primera oportunidad y nos deja ser arrastrados sin resistencia por prejuicios, dogmas y modas. Sin formación lograda a base de esfuerzo nuestro estado de naturaleza no es muy distinto al de los macacos. De hecho y a la primera oportunidad el hombre-masa no entrenádo se dedica sólo a dormir, fornicar, comer y defecar.

Amén de por la necesidad que obliga al trabajo, ese impulso irresistible a la inercia es combatido por la disciplina. Llamamos disciplina al hábito físico y/o mental que en un área determinada de la vida nos lleva automáticamente a ciertos comportamientos regulares y eficaces que suponen esfuerzo y exigencia. Con eso obtenemos resultados superiores. Con eso nos convertimos en seres humanos y dejamos de ser monos. Con eso los individuos y las naciones progresan y obtienen esa forma de felicidad -única posible-que es la satisfacción del trabajo y la obra bien hecha.

Es precisamente lo que alguna vez -aunque muy imperfectamente- tuvimos como república y que ahora no tenemos. Al contrario. una generación tras otra de chilenos. de modo creciente, manifiesta y defiende los valores del "let it be". Con la teoría que debemos ser naturales y espontáneos se ha criado a las nuevas generaciones no a base de la exigencia. sino en un clima de "gûena honda" y ofertón de diversiones. No vaya a ser que los niñitos se traumen. "Dejenme al chiquillo en paz", vociferan los padres. "No aplasten su personalidad". advierten los pedagogos de escritorio.

Los adultos jóvenes, también contaminados, se dejan estar. La mediocridad laboral y profesional es la norma,a menudo opera al borde de la torpeza y la negligencia. Más aun, esos adultos denuncian cualquier exigencia como "fascista", "cavernaria", "resabio de la dictadura", "antidemocrática", "elitista", "represiva", etc.  La flojera y la incompetencia, hoy, disponen de doctrina y de código civil. Están por redactarse los Derechos Humanos de los Porros.

VIEJOS TIEMPOS

Los que crecimos en tiempos menos progresistas tuvimos otra experiencia ¡Ay del perezoso, del dejado! A patadas en el poto se le sacaba del colegio y se le mandaba a trabajar. Nada de año sabático en el Caribe, de psicopedagogas, de ritalín. Se nos hacia ver desde niños  que la vida no es chacota, teníamos sacar notas aceptables, lustrarnos los zapatos, ventilar la pieza y hacer las camas, recoger la ropa sucia, ir de compras, preparar las tareas, memorizar poemas, escribir caligráficamente, expresarnos correctamente. aprender los verbos, aprender historia, aprender matemática, aprender idiomas, leer El Quijote, leer a Manuel Rojas, redactar composiciones, ir a matiné y volver de las fiestas a las 11 de la noche "a más tardar".

No hablo sólo desde la vereda de mi experiencia personal. Es verdad que en nuestro caso madre Lucy nos enseñó hasta el arte de usar los cubiertos en la mesa. Literalmente mi hermano y yo marchabamos en formación, los libros estaban ahí, a mano, 3-4 años. A los cinco teníamos lapicera fuente. Se suponía que a esa edad no sólo leíamos y escribíamos, sino que debíamos hacerlo con orden y claridad.

Grados más o menos fue la experiencia de toda esa generación, la de los tipos de 50-60 años que hoy manejan empresas, los ministerios, las profesiones. No deseo siquiera imaginar lo que vendrá después, cuando estos ancianos los sustituyan los formados en la atmósfera de la indisciplina y el tonteo.

DISCIPLINA

Porque la clave de toda acción exitosa es la disciplina. La ciencia y el arte son, cada una de ellas, "disciplinas". Disciplina, esto es, lo repetimos, comportamiento  sostenido  bajo elevada exigencia hasta alcanzar la maestría y luego, quizás, la genialidad creativa. El genio está al final, no al principio. El genio es esfuerzo  en su máxima sublimación, no fantaseo, mariposeo, capricho del minuto, cosa facilona y divertida. Esto último, a lo más. con suerte, puede  dar lugar a un chispazo de ingenio, pero al genio jamás.

Catatrófico es entonces que, en su versión nacional  las ciencias pedagógicas, por diversos caminos, hayan invertido esa simple ecuación. El esfuerzo de memorizar, de someterse a una disciplina, de estudiar "la materia", de sacarse la cresta, parece algo banal, innecesario, cavernario, obsoleto, represivo, mala onda. Se le sustituye con la panacea de "aprender a aprender".

Es como si un padre, en vez de enseñar a su hijo a caminar haciéndolo caminar, pretendiera enseñarle a aprender a caminar. Pero mientras tanto que no camine ni un paso  ¡no se vaya a costalear!

Todo esto, tan de cajón pasó al olvido, Esa fatal mezcla de insensatez con pedantería, producto abundante en medios académicos, ha hecho en este, el de las ciencias de la educación, estragos. Los resultados están a la vista.
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Diario "La Tercera", domingo 25.10.2005