viernes, 7 de noviembre de 2014

ESA "MALDITA" MEMORIZACION

En el discurso pedagógico hay un lugar común. Tarea de titanes, desarraigarlo. Es el aborrecimiento a la memorización. Se la juzga "reaccionaria" y "arcaica”. La realidad, sin embargo, demuestra que cada individuo es -además de carne y hueso- "memoria". Cuando la perdemos ha comenzado la declinación. En la curva final, está el alzheimer. En ese caso ya el individuo olvida hasta su nombre.

Ante una prueba o un examen –se sabe- es sustantiva. Dicho de otro modo los conocimientos, valores y destrezas deben retenerse y practicarse. Lo importante es evitar el olvido. Nuestro nombre y  domicilio es lo primero que la madre enseña. El retoño  aprende esos datos, es decir, los asimila. Dicho de otro modo, los “memoriza". Esto vale también para los nùmeros del rut, del fono y de la cuenta corriente...

¿Acaso saber no es recordar? Sin embargo, el sólo oír el vocablo "memorización" produce náuseas a educadores bisoños y a alumnos perezosos. Lo censurable, obvio, es la memorización mecánica, dicho de otro modo, repetir  sin "son ni ton". No se promueve lo que se podría denominar “papagayismo”. Paso previo es el comprender. Lo antecede la audición, la observación  y  la lectura. 

Si en el aula algo se enseña es para incorporarlo y no para -en función de la amnesia estudiantil-  olvidarlo. En el contexto de la campaña contra la “memoria” quizás esté el abandono del aprendizaje de poesías. Tal tarea la vigoriza junto con perfeccionar la dicción y generar desplante. Es otra víctima que deja en su ruta una Reforma fracasada. Con sus arquitectos light  ¿qué más se podría esperar?