miércoles, 13 de agosto de 2014

EVO ¿INDIO O MESTIZO?

Se insiste, a orilla del Mapocho, en la condición aborigen de Evo. Apunta -de modo oblícuo- a degradarlo. Toda la carga estigmatizante que conlleva la pertenencia a una etnia autóctona se vuelca en esa reiterada afirmación. ¡Cosa curiosa!, la ultraizquierda y los "progres" se unen al coro, autogratificándose, porque “¡al fin alcanza  el poder un indio!” (sic). Se discrepa de ambos enfoques.

El primer enfoque deprecia a Bolivia. No porque lo nativísimo sea un lastre, sino porque así lo presenta el centenario racismo. El otro, congruente con dicha difamación, apunta a exhibir a la patria de Andrés Santa Cruz y Germán Busch Becerra como un cuerpo social fragmentado. Habría enfrentamientos entre regiones y conflictos interraciales y -más que eso- entre nacionalidades. 

Desde la concepción macronacionalista se insiste: Evo es un iberoamericano y como tal mestizo. En tal condición etnocultural asume la bolivianidad en bloque como legado y tarea. Eso es lo que beneficia a Nuestramérica. Es disolvente tanto denigrar como idolatrar lo indígena. Por eso si José Carlos Mariátegui emite la consigna "¡Peruanicemos al Perú!" el MAS debe apuntar a bolivianizar a Bolivia.

Eso de "interculturalidad" o "plurilingüismo" -para citar dos supuestas tesis antropológicas- legitiman la atomización y no sólo de Bolivia. Son torpedos euroyanquis congruentes con la fobia de las elites por lo "indio". Los discípulos de Bolívar escogemos el III camino: el de la mestizofilia. Así rescatamos la identidad de 400 millones los cuales, igual que Evo, somos "hijos de la mezcla".