domingo, 10 de agosto de 2014

JOAQUIN MURIETA

California, mediados del siglo XIX estalla “la fiebre del oro". En la granja de un inmigrante suizo  Juan Augusto Sutter- se produce el hallazgo de yacimientos auríferos prodigiosos. No están en vetas subterráneas, sino sobre el cauce de las arterias fluviales. Suprimiendo con agua el lodo, entre los guijarros, se  encuentran las apetecidas “pepas". Aguijoneados por el sueño de convertirse en millonarios acuden multitudes. Entre miles  figura Vicente Pérez Rosales.

La aventura es en suelo de México. Sin embargo, ya EEUU está en plan de expansión. Comienza  siendo apenas una franja apretujada entre la Cordillera de los Apalaches y el Atlántico. Ostenta voracidad ilimitada y aspira a convertirse en bioceánico. Infiltra entonces California. Sus pioneros -con el respaldo de la Casa Blanca- participan en la áurea aventura. Con prepotencia despojan a los “spanishs". Entre tanto damnificado está Murieta. Su campamento es destruido y la esposa violada.

Focos de resistencia móviles intentan contener a los rubios invasores. El de mayor empuje lo capitanea el legendario caudillo rescatado del olvido por Pablo Neruda en la cantata “Fulgor y muerte de Joaquín Murieta". Lo estigmatizan como bandolero. Es arrinconado. Finalmente, lo ultiman en  emboscada. A esa altura California ya ha sido usurpada a México y el guerrillero -anticipo de Francisco Villa y de César A. Sandino- se transforma en temprano símbolo del antimperialismo.


Hay polémica en torno al origen        del personaje. La  documentación más solvente permite sostener que es mexicano oriundo de Sonora. A comienzo del siglo XX adquiere fuerza aquello de su condición chilena. Lo verificable es que destaca en las labores mineras y en la guerra sin cuartel contra los “galgos”. Tal es el apodo dado a los norteamericanos. En tal brega se asocian los hispanoamericanos en bloque. Discutir hoy si es de México o de Chile equivale a la controversia sobre si el pisco es peruano o chileno, es decir, una zoncera chauvinista.