sábado, 2 de agosto de 2014

JAPON: IV ANALISIS

Hay ya dos notas en el blog sobre el Japón como paradigma para el III mundo en orden a superar el rezago y evitar así el vasallaje. Reiteremos, este país asiático escoge el modelo capitalista de desarrollo en un contexto que protege no sólo la estructura productiva, sino también la identidad. La revolución mitsú –obvio, jamás estudiada en aulas porque estas, en Iberoamérica, son eurocéntricas-  es un proceso de modernización impuesto de arriba a abajo. Se sepulta la feudalidad representada por el shogunato y se impone una disciplina social con dos pivotes: FFAA y empresariado. Sobre la pirámide el mikado opera como árbitro entre los actores y símbolo de unidad del Imperio del Sol Naciente. La China de entonces –perpleja ante la irrupción de Occidente- opta por acentuar su hermetismo. Fracasa y es víctima de sucesivas agresiones.

Si el pueblo sioux logran resistir –por algún tiempo- a las tropas de EEUU es por los Winchester que obtienen permutándolos por pepas de oro. No obstante, están distantes de fabricarlos y no conocen la metódica de producción de pólvora. Son por último exterminados. El influjo modernizador de Lautaro –culturalmente mestizo porque ha vivido en el recién fundado Santiago de la Nueva Extremadura- intenta “occidentalizar” en materia de táctica, estrategia, inteligencia y contrainteligencia a los mapuches. Su eco es enorme, pero “flor de un día”. Arcaicos hábitos, vocación disgregadora y concepción de “patria chica” de sus paisanos lo privan de piso. Cae en una emboscada y la ofensiva se paraliza. Los soldados de Carlos V y Felipe II toman, desde ese instante, la iniciativa.

Japón –igual que, en su momento, la rústica Rusia de Pedro el Grande- ya con la visita del comodoro Perry se percata que el autoenclaustramiento es imposible ante el poderío de Occidente manifestado en la máquina a vapor y piezas de artillería. Tokio reacciona igual que el zar y se empeña en sustituir la artesanía y la manufactura por la industria. Despachan jóvenes a aprender –si, aprender y no a imitar modas- la estrategia que Europa y EEUU han usado para “dar el gran salto adelante”. Regresan y son dotados de plena autoridad  y de mano de obra barata. El archipiélago se ha dado a sí mismo, como diría Ortega y Gasset, “un proyecto de vida, un dogma nacional”. A poco andar, en 1905, en guerra relámpago pone de rodillas al Imperio Zarista. Así comienza la rebelión del III mundo. Los pueblos de color –al decir de Spengler- comenzaban a sacudir el yugo.


Hoy China –con mixtura el socialismo y el capitalismo para alcanzar el desarrollo. "No importa -dicen sus líderes- que el gato sea negro o blanco. Lo importante es que cace ratones”. Crece a casi el 10% anual y de modo sostenido. Controla la natalidad, impone disciplina y nutre a la población de mística. La industria se perfecciona. Se aceptan inversiones extranjeras porque ya no hay peligro de sumisión. La Guerra del Opio es un aleccionador recuerdo  y no es necesaria la Gran Muralla, pues maneja la energía nuclear y sus FFAA son premunidos de artefactos de esa índole. Vietnam –donde EEUU  cosecha contundente derrota- se sacude de ideologismos y galopa por el mismo sendero que, precursoramente trazara Japón a partir de la revolución mitsú. Los suramericanos debemos aprender de ese Oriente que, cartográficamente, es Occidente.