jueves, 4 de septiembre de 2014

AGRESIONES AL DOCENTE

Los vejámenes físicos que infieren alumnos a sus maestros aparecen en prensa. No son un fenómeno propio de la metrópoli, sino se producen en todo el país. De las agresiones verbales no hay registro, pero son frecuentes y se soportan en silencio. Los agredidos han perdido respaldo. Ya no disponen del apoyo de los progenitores. Todo lo contrario, estos lo visualizan como un estorbo en sus planes de convertir en “alguien” a su “peque” o a su “lolo”. Lo importante es que salgan del “perraje”.

Existen también ultrajes académicos. Por ejemplo, si hay “rojos” el culpable es quien enseña y no quien aprende. Se afirma, “hay fallas en el método o insuficiente motivación”. Hoy la actitud del docente es “no hacerse problema” y –con apoyo del liquid paper- procede a inflar las notas. Entonces se incrementan por milagro los “azules” y se exime de eventuales las sesiones de “reforzamiento” repudiadas por los alumnos y no remuneradas.

Hay afrentas menos rústicas. Se refieren a la fuente laboral, es decir, al sustento del educador. Albergan  un chantaje. En entrevista del docente con  el director del plantel o la jefe de la UTP, en representación del DAEM o del sostenedor, se le hace presente la inquietud por el bajo rendimiento de los cursos. Eso significa, puntajes deficientes. El mensaje es secreto, pero se capta de inmediato. De insistir en la evaluación rigurosa  no hay renovación de contrato.


Entonces informa: “No se preocupe ya está fijada fecha de  prueba recuperativa”. Son certámenes, frecuentemente de tres temas, también denominados de “preguntas abiertas” o “de ensayo”. Están “hechos” para “arreglar promedios”, es decir, eliminar “rojos” y descomprimir el descontento. De por medio está la subvención y el alumno es un cliente y el MINEDUC exige retenerlo para así atenuar la vagancia y la delincuencia. Rindan o no, lo importante evitar la deserción.