martes, 9 de septiembre de 2014

TV Y DISIDENCIA

Animadores de TV asumen posturas aparentemente vanguardistas también etiquetadas  "postmodernas". El asunto es complejo: ¿hasta dónde, sin antagonistas, estos "rostros" pueden usar un medio de tan alta penetración educativa para imponer como cierto algo que para otros es patraña? ¿Cómo óptimo lo que para otros es abominable? ¿Cómo hermoso lo chabacano? ¿Cómo valioso lo que es despreciable? ¿Cómo "progresistas" prácticas foráneas que deterioran nuestro ethos o afectan la estructura familiar?

Ese tema adquiere singular relevancia tratándose del canal estatal  porque lo financia el Fisco que representa a toda la ciudadanía. Alguien podrá manifestar que en la cátedra, el púlpito, la prensa, el hogar... ocurre lo mismo. No es así. Aunque sea a título de tono menor, en esas esferas existe la prerrogativa de la réplica. En TV tal posibilidad de discrepar es inexistente. La excepción -que no es tal- son los debates porque están programados... Se invita a la reflexión en torno a este totalitarismo mediático.