jueves, 25 de septiembre de 2014

ANTUCO, ANIBAL Y ALMAGRO


Los 45 uniformados que la nevazón entrampa en los faldeos del volcán Antuco originan comparaciones con otras experiencias montañistas siempre difíciles y, frecuentemente, amargas. Leo referencias atinentes a las penurias de Aníbal cruzando los Alpes, para alcanzar Italia y la aventura de Bonaparte en el Gran San Bernardo. También, otra aun más exótica, la tragedia que afecta –al comenzar el siglo XX- a un pelotón de soldados del Imperio del Sol Naciente.

Nuestro héroe Diego de Almagro
Sin embargo, nadie alude a la epopeya andina vivida por Diego de Almagro y su mesnada. La travesía transcordillerana se inicia al finalizar enero de 1536. El paso de San Francisco le permite al adelantado -con su tropa y auxiliares- alcanzar el valle de Copiapó. Pese a la insuficiencia de víveres, las escasas prendas de abrigo, por sobre picachos de 4 mil metros de altitud, con fríos polares, ventiscas, costras de hielo, privada de leña, la diezmada hueste logra superar el colosal obstáculo.


Narran los cronistas, por ejemplo, que en una sola noche de campamento mueren 70 expedicionarios y es sabido que varios pierden, por congelamiento, dedos de las extremidades. El egregio Descubridor repite la hazaña -aun en condiciones peores- en agosto del mismo año... No es negativo referirse a peripecias de montaña acaecidas en otras latitudes. Sin embargo, es miopía omitir proeza como la comentada que está en la aurora de nuestra Historia.